
Desde 2002, las 2.500 empresas más grandes del mundo tienen la posibilidad de examinar su conciencia y ver de qué manera pueden mejorar su gestión a través del índice mundial de sostenibilidad Dow Jones.
El término internacionalmente conocido como "desarrollo sostenible" nació en 1987, fruto de los trabajos de la Comisión de Medio Ambiente y Desarrollo de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), que lo definieron como "aquel desarrollo que satisface las necesidades de las generaciones presentes sin comprometer la posibilidad de que las generaciones futuras puedan atender las suyas". Sin embargo, debido a que se trata de un concepto tan heterogéneo, durante muchos años las empresas apenas han trasladado esta teoría a la práctica. De hecho, no fue hasta finales del siglo XX cuando las grandes corporaciones comenzaron a tenerlo seriamente en cuenta. Más que nada porque tomaron conciencia de que su sostenibilidad económica también dependía de ello.
Desde entonces y gracias al prestigio cosechado por el índice mundial de sostenibilidad Dow Jones, "incorporar el desarrollo sostenible en la gestión ha dejado de ser un problema para convertirse, paradójicamente, en la mejor solución empresarial para garantizar su propia supervivencia".
Pero el desarrollo sostenible que preconiza este índice no sólo se refiere a una adecuada gestión medioambiental, que incluye las políticas de mejora, el tratamiento de residuos o el ahorro energético. También contempla otros aspectos económicos (código ético, gestión del riesgo, reputación o salud financiera) y sociales, como el bienestar y el desarrollo de los empleados, la seguridad y la higiene laboral, así como el diálogo con la sociedad y la filantropía.
Y lo cierto es que este concepto poco a poco va calando entre las grandes empresas españolas, que son cada vez mejor consideradas en el mercado internacional.
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