miércoles, 20 de abril de 2011

Proceso de restauración de pintura en Adán y Eva, de Durero

Cómo arreglar una obra de arte deteriorada


Restaurar una obra de arte es un proceso complejo. Los profesionales se enfrentan al reto de devolver los cuadros a lo más parecido a su estado original. Ni más ni menos. Isabel Florido, que ha trabajado sobre el Greco, tenebrista español José de Ribera o el barroco Juan van der Hamen, explica: "Nunca imitamos, solo tratamos que las pinturas sigan igual durante el paso del tiempo".

Florido relata la técnica habitual para restaurar estos desperfectos. Un mal tensado requiere quitar el lienzo del bastidor. Luego se monta encima de un tablero de madera cubierto con plástico y se clavan los márgenes. Se impregna con cola animal y se protege con un papel de capacidad de resistencia fisicoquímica extraordinaria, el japonés. Luego se deja secar. La cola penetra, el cuadro se tensa por el aglutinante y se quedan adheridas entre sí las diferentes capas de pintura y preparación. Para la marca del bastidor, se requiere consolidar la pintura. Con cola animal, se impregna toda la superficie, y se cubre otra vez con papel japonés. Así el color y la imprimación se adhieren a la tela.


Al restaurar la falta de color aclara que toda intervención sobre la obra debe ser reversible. "Primero se prepara una imprimación a la manera de la época". Esta imprimación se hace con cola de conejo, tendones de animales, todo hervido y mezclado con blanco de España o sulfato de cal [yeso]. Se aplica sobre la zona deteriorada y luego se dan capas de barniz hasta llegar al punto exacto del que lleve el cuadro. Los grandes equipos de restauración elaboran sus propios barnices.

Para imitar el color original, es importante usar siempre técnicas que sean reversibles y con material de excelente calidad. "Se da una veladura de acuarela", explica Florido, "y luego se dan poco a poco más veladuras, usando pigmentos puros al barniz para restauración de la marca Maimeri". Nunca óleo. El aceite de linaza, aglutinador de este tipo de pintura, es muy difícil de quitar.

Hay tres formas de pincelada para que el trabajo del restaurador se diferencie de la pintura original. El rigattino consiste en lograr el color mediante líneas paralelas verticales; el tratteggio se basa en trazados oblicuos para tramar, y el puntillismo lo hace con pequeños puntos. Ya no se usa la forma imitativa. "Siempre se debe diferenciar el trabajo del restaurador de la mano del artista", aclara, "pero a simple vista, el espectador no distingue la restauración del trabajo original del cuadro"

"Todos estos procesos supondrían un mínimo de dos meses", concluye Florido, "pero seguro que hay que limpiar, y siempre hay más problemas e imprevistos". "Con un cuadro nunca sabes que te vas a encontrar hasta que te introduces en él".



En el nombre del Desarrollo Sostenible...


Desde 2002, las 2.500 empresas más grandes del mundo tienen la posibilidad de examinar su conciencia y ver de qué manera pueden mejorar su gestión a través del índice mundial de sostenibilidad Dow Jones.
El término internacionalmente conocido como "desarrollo sostenible" nació en 1987, fruto de los trabajos de la Comisión de Medio Ambiente y Desarrollo de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), que lo definieron como "aquel desarrollo que satisface las necesidades de las generaciones presentes sin comprometer la posibilidad de que las generaciones futuras puedan atender las suyas". Sin embargo, debido a que se trata de un concepto tan heterogéneo, durante muchos años las empresas apenas han trasladado esta teoría a la práctica. De hecho, no fue hasta finales del siglo XX cuando las grandes corporaciones comenzaron a tenerlo seriamente en cuenta. Más que nada porque tomaron conciencia de que su sostenibilidad económica también dependía de ello.
Desde entonces y gracias al prestigio cosechado por el índice mundial de sostenibilidad Dow Jones, "incorporar el desarrollo sostenible en la gestión ha dejado de ser un problema para convertirse, paradójicamente, en la mejor solución empresarial para garantizar su propia supervivencia".
Pero el desarrollo sostenible que preconiza este índice no sólo se refiere a una adecuada gestión medioambiental, que incluye las políticas de mejora, el tratamiento de residuos o el ahorro energético. También contempla otros aspectos económicos (código ético, gestión del riesgo, reputación o salud financiera) y sociales, como el bienestar y el desarrollo de los empleados, la seguridad y la higiene laboral, así como el diálogo con la sociedad y la filantropía.
Y lo cierto es que este concepto poco a poco va calando entre las grandes empresas españolas, que son cada vez mejor consideradas en el mercado internacional.

Las pirámides

HALLADAS NUEVAS TUMBAS DE LOS CONSTRUCTORES DE LAS PIRÁMIDES. Los descubrimientos confirman que los obreros eran trabajadores libres y no esclavos


Desde hace una década, cuando en 1990 y siguiendo la tradición de los hallazgos fortuitos, el arqueólogo Mark Lehner y el secretario general de antigüedades egipcio Zahi Hawass descubrieron en Giza el cementerio de los constructores de las grandes pirámides, se sabe que esos inmensos monumentos no los construyeron esclavos a latigazos, como nos ha acostumbrado el cine a creerlo (ni los judíos, ni los atlantes, ni los extraterrestres), sino trabajadores egipcios libres.

Ahora, tras bastante tiempo sin noticias de esa zona, donde se calcula que sólo se ha excavado el 5% del yacimiento, el ministro de Cultura egipcio, Farauk Hosni, acaba de anunciar el hallazgo de nuevas tumbas de los obreros que edificaron las pirámides de Keops y Kefrén (las dos más antiguas de Giza), en la Cuarta Dinastía, hace más 4.500 años. Las tumbas han sido descubiertas por un equipo egipcio dirigido por Hawass. "Es la primera vez que hallamos tumbas como las de 1990", ha dicho el jefe de la arqueología egipcia, que ha recalcado que estos enterramientos arrojan más luz sobre la primera época de la Cuarta Dinastía y aportan más pruebas de que el trabajo en las pirámides no era forzado.

Para Hawass, el hecho de que las tumbas de los trabajadores estén en la misma área sagrada y ceremonial de Giza indica que la gente enterrada no eran en absoluto esclavos. "No se hubiera permitido enterrarlos en las cercanías de los faraones", subraya.


Hasta ahora se conocían 30 tumbas de capataces y unas 600 de trabajadores. Las de estos últimas son muy modestas y de diferentes formas. En los cuerpos de los trabajadores sepultados se ha podido documentar el duro trabajo que estos realizaban. Los restos humanos presentan evidencias de artritis degenerativa en la zona lumbar y en las rodillas -resultado de levantar grandes pesos- y también haber recibido tratamientos de emergencia a pie de pirámide, como si dijéramos: recolocación de huesos rotos (sobre todo cúbito, radio y peroné). Incluso hay dos casos de amputaciones. La media de edad de los difuntos es de 30-35 años. Dos de las mujeres enterradas padecían enanismo.

Aparte estaban las tumbas de personal de más estatus, según muestran sus títulos: "Supervisor de los albañiles" o "director de los artesanos". Estas tumbas son de mayor calidad y de varias se han recuperado estatuas. Algunas pertenecen a personajes deliciosamente cotidianos, como Nefertjetjes, director de la panadería de los obreros. Destaca la tumba de Petety porque muestra una estupenda maldición: "El cocodrilo, el hipopótamo y el león se comerán a aquel que haga algo malo a mi tumba". La advertencia no sirvió de mucho porque al encontrar el sepulcro la momia ya había desaparecido y no probablemente porque se hubiera marchado sola.

Alerta sobre el envejecimiento de la población


El Consejo Económico y Social (CES) urgió ayer a las instituciones y agentes sociales a abordar un debate que permita adoptar medidas frente a los efectos negativos que genera el creciente envejecimiento de la población. Entre las posibles soluciones, el CES destacó la inmigración y las políticas de fomento de la natalidad.

Esta es una de las conclusiones del estudio El impacto económico y social en la CAV de la evolución demográfica prevista, que recordó que la reducción de la población en edad de trabajar y el envejecimiento tienen un impacto en la sostenibilidad del Estado del bienestar y requieren una respuesta "global, concreta y transversal".

El informe prevé que para 2020 la población por encima de los 64 años crezca en un 22,7%, mientras que quienes están en edad activa (de 16 a 64 años) caerán un 4%. Además, las tasas de natalidad permanecerán bajas, por lo que el CES apunta que solo la inmigración y las políticas de fomento de la natalidad podrían revertir esta situación.

El Consejo añade que la reducción de la población en edad de trabajar obliga a replantear las políticas de empleo; desarrollar medidas que fomenten el adelanto de la entrada de los jóvenes en el mercado laboral y la integración de las personas inmigrantes en él.